Bautismo de fuego

El estruendo de mesas y sillas cayendo empujadas por los temerosos parroquianos del “Saloon”, mientras trataban de apartarse de la línea de fuego dio paso al silencio. Este se adueñó del local inmediatamente, un silencio tenso, largo, acaso infinito para los que allí estaban. Dos hombres estaban frente a frente, mirándose a los ojos, ajenos a lo que sucedía a su alrededor, esperando el momento oportuno, ese fracción de segundo que les diera la ventaja definitiva.

El joven pistolero trataba de controlar sus nervios, intentando mostrar un aplomo que aún no tenía. Había ensayado la escena miles de veces en la granja de sus padres, pero esta vez era real, enfrente un hombre carne y hueso. Entrado en la cuarentena, de nariz aguileña y prominente mostacho, el rival no se diferenciaba en mucho de otros centenares de pistoleros que habitaban esa región, pero el joven sabía que no debía confiarse.

El reloj no avanzaba, la espera se le hizo eterna al camarero, el sudor bañaba su frente, nervioso dio un paso atrás, tropezó con la estantería que tenía detrás, tirando los vasos que había a su espalda. El momento propicio, el joven desenfudó rápido, como había hecho tantas otras veces en la granja. El movimiento no fue fluído, ni natural, fue más bien mecánico, algo atropellado incluso, pero suficiente. Sonó un disparo, certero, directo al corazón del hombre de bigote que apenas había tenido tiempo de sacar su revólver. Eso resolvía la disputa. De nuevo, silencio. Roto por el hombre maduro cayendo de rodillas, su mano, ahora inerme, había dejado caer casi al mismo tiempo el revólver, para acto seguido desplomarse de bruces como un fardo contra el polvoriento suelo del “Saloon”.

El joven trató de contener la sonrisa, pero no pudo, esa sonrisa pretendía esconder todo el miedo que había pasado, “tranquilo, calma” se repetía ahora, quería hablar, decir algo, pero las palabras se atropellaban en su garganta. Trató nuevamente de templar el ánimo, la excitación, mezclada con los nervios del duelo, le estaba jugando una mala pasada. Respiró profundamente, tragó saliva y por fin, lo mas calmado que pudo dijo: “Que alguien llame al sheriff”.

Instantes después, salió del “Saloon” se fue a la parte de atrás por la callejuela lateral y vomitó, se limpió los labios con el dorso de la mano izquierda, sacudió los restos hacía el suelo y escupió para quitarse el sabor agrio de la boca, fue la primera y última vez que tuvo esa reacción. Desandando el camino, volvió al lugar de los hechos, alguien del local, le dijo tímidamente, tartamudeando un poco al principio, “el… el… Sheriffestádecamino” para atropellarse en las últimas palabras.

Meditabundo, el joven pistolero asintió con la cabeza, con voz grave y calmada pidió un whisky doble. Era la primera vez que mataba, no sería la última.

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Un pensamiento en “Bautismo de fuego

  1. MadBaron

    Me ha encantado el relato, ha sido empezar a leerlo y ya podía visualizar cómo sucedía todo…. Qué peligro tiene este blog, está despertando al DJ de Far West que hay dentro de mí…¡¡y eso me encanta!!
    Gracias por mantener este juego vivo 20 años después.
    MadBaron

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